1. Señor Pere Llovet, por favor, ¿podría presentarse en unas cuantas palabras para nuestros lectores?
Siempre es difícil presentarse uno mismo. Soy Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta Psicoanalista y Doctor en Ciencias Políticas. Fui uno de los fundadores de la Asociación Catalana de Psicoterapia Psicoanalítica que a su vez fundó la misma asociación de ámbito estatal (AEPP) y la EFPP y en la actualidad soy delegado de la sección de Pareja y Familia. Quizá querría resaltar que siempre me ha interesado la integración de las distintas corrientes dentro del Psicoanálisis y las relaciones de esta disciplina con el resto de disciplinas humanísticas y científicas. Desde mi punto de vista, estamos en la encrucijada entre las humanidades, las ciencias sociales y las ciencias naturales, lo que es un reto y una oportunidad de enriquecimiento que debería aprovecharse y creo que la tendencia a la especialización, tanto general como dentro de muchas de nuestras instituciones formativas es un obstáculo.
2. Ha tenido usted un recorrido universitario rico: filosofía y letras, ciencias políticas, psicología clínica. ¿Cómo se ha encontrado usted el psicoanálisis?
Debería contestar como encontré todo lo demás, porque el Psicoanálisis ha sido siempre mi interés primero y principal desde que a los 16 años, encontré, casi por casualidad, en una librería de Barcelona los “Tres ensayos para una teoría de la sexualidad” de Freud.
En aquella época, en España, la Psicología era una especialidad dentro de la Facultad de Filosofía y Letras (que hoy corresponde a “Humanidades”). Dudaba entonces entre comenzar estos estudios o bien los de Medicina para estudiar Psiquiatría. Uno de los primeros psicoanalistas españoles, el Dr. Pere Bofill, me aconsejó estudiar Psicología y, ya licenciado, me facilitó contactos en Ginebra donde me especialicé en Psicología Clínica ya que en España esta especialidad no existía.
Lo que me atrajo de Ginebra fue su gran tradición psicológica (J.J. Rousseau, Claparede, Piaget) y el carácter integrativo de su Universidad y su escuela psicoanalítica, muy influida por Ajuriaguerra. Allí realicé seminarios con Diatkine (cuyo analista fue Lacan), Henny y pude trabajar con Palacios Espasa y su modelo de Intervenciones breves conjuntas con padres y niños basado en la “área de mutualidad psíquica”, un concepto sistémico aplicado inicialmente por Bertand Cramer (también de Ginebra) con el que me inicié en la psicoterapia psicoanalítica de la familia y más tarde, ya en Barcelona a finales de los años 80, realicé seminarios de Familia con Jorge Thomas (Tavistock).
Aunque he trabajado mucho en servicios públicos, mi formación en Ciencias Políticas es reciente y valoro mucho la comprensión que me ha aportado sobre las políticas públicas de Salud Mental y también, como he desarrollado en algún trabajo reciente, sobre la sociedad actual y, especialmente, sobre las transformaciones de la familia y las relaciones de pareja.
Para terminar esta respuesta diré que cada vez valoro más mi formación humanística inicial y creo que uno de los retos actuales del Psicoanálisis, como dicen Kernberg, Fonagy, Bleichmar y otros, es restablecer los vínculos interdisciplinarios que fueron tan importantes en los 60 y los 70.
Sin embargo, querría resaltar que todas estas aportaciones sólo tienen sentido a partir del análisis personal que es fundamental para trabajar psicoanalíticamente.
3. ¿Nos puede usted decir unas cuantas palabras sobre las escuelas de psicoterapia psicoanalítica y sobre su desarrollo en España?
El Psicoanálisis en España se desarrolló en dos etapas separadas por la guerra civil (1936-39). El triunfo militar franquista causó el exilio de la primera generación, entre los cuales es histórico el caso de Emili Mira que marchó a Sudamérica. Curiosamente, muchos de los psicoanalistas sudamericanos que vinieron a España en los 70 y los 80, también huyendo de dictaduras, habían sido alumnos suyos, por lo que se puede hablar de “retorno”.
La segunda generación, entre ellos el mencionado Pere Bofill, se formó en Ginebra y posteriormente en Londres durante el auge del kleinianismo, aunque algunos se formaron en Francia en las asociaciones vinculadas a la IPA, en la escuela de Psicosomática o en las escuelas lacanianas. Ya he mencionado también los sudamericanos y actualmente están tomando mucha relevancia las aportaciones de los psicoanalistas relacionales norteamericanos (Kohut, Mitchell y el grupo de Boston), entre los cuales hay algunos que integran lo sistémico (Slavin), así que en España tenemos un amplio espectro psicoanalítico.
En España tuvimos la suerte de que algunos psicoanalistas vinculados a la IPA, especialmente en Catalunya y Euskadi, dieron su apoyo para el desarrollo de la Psicoterapia Psicoanalítica, lo que ha permitido que gran parte de los servicios públicos sean de esta orientación y de que, en 1986, con otros colegas, fundáramos una de las asociación más potentes de Europa y fuéramos uno de los núcleos iniciales de la EFPP.
Finalmente, debo mencionar el importante desarrollo de las psicoterapias psicoanalíticas breves y focales. Creo que tienen un papel fundamental en el presente y en el futuro, por supuesto en los servicios públicos pero también en el estatus científico, cultural y social de Psicoanálisis.
4. Quisiera que se refiera usted a la larga experiencia que tiene en el ámbito institucional de la salud mental. ¿Cuál es el papel del psicoanálisis en los servicios públicos? ¿Cómo se puede trabajar en las instituciones?
Este es un tema muy importante pero muy extenso y heterogéneo ya que hay muchos tipos distintos de instituciones.
Mi primera experiencia profesional fue en un gran hospital psiquiátrico (“Manicomio”) que participó en la “revolución antipsiquiátrica” que en los 70 “recorrió Europa”. Hubo experiencias en Inglaterra (Laing y Cooper), Francia (Guattari y Deleuze, Tosquelles) e Italia (Basaglia).
La aportación psicoanalítica fue fundamental en los manuales clásicos de Psiquiatría (Ajuriaguerra, Henry Ey, Bergeret, Schneider entre otros), aunque también debemos mencionar nuevamente las aportaciones sistémicas (Bateson, Watzlawick, el grupo de Palo Alto). Estas influencias transformaron profundamente no solo el trato científico de la enfermedad mental sino también su trato y su representación social conduciendo al actual concepto de Salud Mental. Participé en la reforma de la Psiquiatría a la Salud Mental en Catalunya en el año 1987 y 88, es decir 10 años después de la llegada de la Democracia en España, no sé cómo es esto en Rumanía…
Por desgracia, creo que actualmente nos encontramos en un “impasse” por múltiples razones, entre las que mencionaría la escasa formación psicológica (en general) en los actuales programas universitarios de Psiquiatría, la influencia de la industria farmacéutica, las dependencias políticas, la presión asistencial en los servicios públicos, y la búsqueda de curación sintomática rápida que, como sabemos, a menudo es incluso iatrogénica. No obstante, debemos pensar en lo que depende de nosotros y en este sentido es fundamental que continuemos desarrollando técnicas de intervención ágiles y, por supuesto, que más allá del síntoma, conduzcan a mejores desarrollos personales.
Con respecto a trabajar “en” las instituciones, me alegro de ver que en su web hay una referencia a Bleger. Hay que pensar también en trabajar “con” las instituciones. Desde que tomamos contacto con ellas, ejercen influencia sobre nosotros, pero no olvidemos la capacidad “constructiva” (en sentido piagetiano y también muy freudiano) del sujeto, es decir, nuestra propia capacidad de influencia.
La clave está en nuestro posicionamiento y en advertir lo que inducimos en la institución. No obstante, también es cierto que algunas instituciones, como algunos pacientes, son “intratables”. Hay que observar los intereses de la Institución y su entorno. En todo caso, sabemos que algunos tipos de personalidad perversa u otras patologías del poder tienen una habilidad especial para ocupar lugares clave en algunas instituciones (como muestran Alberto Eiguer y buena parte de la escuela crítica francesa).
Sin duda, las instituciones constituyen nuestro “continente” (o “frame”) y pueden ser una gran ayuda en la labor terapéutica, aunque también pueden ser todo lo contrario, es decir un obstáculo para la creatividad y la innovación. Isabel Menzies y Isca Salzberger-Wittenberg tienen textos muy interesantes sobre estos procesos, en alguno de los cuales he participado y que podríamos conceptualizar como desarrollo de la noción de “cuidar a los que cuidan” o, también, “empatía institucional”. Como he dicho este es un tema muy extenso y complejo.
5. ¿Cuál es su perspectiva sobre la psicoterapia psicoanalítica de pareja y de familia en la sociedad actual? ¿Cuáles son las situaciones clínicas con las que se confronta más a menudo?
Como he dicho, las Ciencias Políticas y la Sociología enriquecen substancialmente la comprensión de “lo que ocurre” en la sociedad actual y, más en particular, en la pareja y la familia. Entre ellos mencionaría al sociólogo noruego Göran Therborn, al catalán Manuel Castells y al biólogo evolucionista americano Robert Trivers. Según ellos, estamos en el “Fin del Patriarcado”, y creo esto es muy trascendental porque cambia substancialmente la Cultura. Si pensamos en términos relacionales y en nuestros procesos de subjetivación, advertimos que este cambio cultural tiene un amplio y profundo efecto sobre nuestros “Self”, o maneras de sentirnos, y sobre nuestras identidades. Creo que esto explica que el actual “malestar en la Cultura” ya no sea, prevalentemente, del orden del conflicto sino del déficit narcisístico. Sin duda, este nuevo “orden simbólico” (y por lo tanto, estructurante) crea desacoples, faltas de integración y enormes retos para el “Yo” y también trastornos en la transmisión generacional.
Con respecto a mi clínica, ya he hablado de mi influencia inicial por la Escuela de Ginebra y por algunas aportaciones sistémicas. Después trabajé 10 años en el Hospital de Sant Pere Claver de Barcelona, con gran influencia kleiniana y postkleiniana y realicé seminarios con Jorge Thomas de Tavistock. Actualmente intento comprender la subjetivación del paciente emergiendo de su red relacional, incluso cuando trabajo en psicoterapia individual. Mencionaría los trabajos de Karen Ruth-Lyons y las evidencias que aporta sobre los trastornos del apego (en el sentido de Bolwby) y que aplico en el campo de la Pareja y la Familia como “desconexiones emocionales” que producen trastornos de subjetivación.
He tratado casos de inmigración (que conozco por mi propia estancia en Ginebra), casos de parejas en conflicto o bien de personas que se han separado y deben reconstruirse. También mencionaría los adolescentes y los jóvenes adultos con “detención del desarrollo”, una patología que crece alarmantemente.
Estoy contento con el enfoque relacional y subjetivo que he mencionado ya que he comprobado que produce bastante rápidamente cambios importantes en las posiciones y los conocimientos mutuos entre los miembros de una pareja o una familia y abre una nueva narrativa en la que emergen estados emocionales o “Self” interna o intersubjetivamente negligidos o maltratados que requerían ser “Reconocidos”.
No obstante, finalmente diré que, para mí, la atención sobre la transferencia y la contratransferencia es una referencia ineludible.
6. ¿Conoce Rumanía y la psicología de aquí?
Lo que más me llama la atención de Rumania es la fonética del rumanés, tan parecida al catalán, mi lengua materna. Creo que, en Catalunya, la comunidad inmigrante rumanesa es una de las más numerosas y he oído incluso algunas palabras comunes, un caso curioso de evolución paralela a partir del latín a pesar de los casi 3.000 kms.
Recuerdo las imágenes del derrocamiento de Ceaucescu y supongo que deben haber algunas coincidencias con el caso español. Muy probablemente vais comprobando que el cambio cultural e institucional es mucho más lento de lo que aparenta y que cuesta mucho superar atrasos históricos tan considerables.
Por desgracia, nuestros mass-media informan sólo de lo más genérico y predomina la imagen de la herencia de una Psiquiatría fuertemente manipulada por el poder político, como lo fue en España hasta los 60. Me alegro mucho de que una mayor aproximación a Rumania muestre un grupo psicoanalítico tan activo, emprendedor y “en conexión” con la EFPP. |