Cristina Calarasanu: Señor Isidoro Berenstein, díganos por favor unas cuantas palabras sobre usted y sobre el camino que ha recorrido en esta profesión.
Isidoro Berenstein: Me es un poco difícil hablar de mi, prefiero que otros lo hagan. Pero trataré de hacerlo para responder a su pregunta. Soy psicoanalista y pertenezco a la Asociación Psicoanalítica Internacional a través de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APDEBA) desde hace bastante tiempo, desde 1960 y también desde hace mucho tiempo soy psicoanalista de familia y pareja. Actualmente somos junto con Janine Puget los Directores de la Maestría de Familia y Pareja que se dicta en IUSAM (Instituto Universitario de Salud Mental) que pertenece a APDEBA. También soy el Chair del Grupo de Trabajo de la IPA que se ocupa de Perspectivas psicoanalíticas de Familia y Pareja. Comencé, cuando era joven, en el año 1957 y formé parte de un grupo de estudio con Enrique Pichón Rivíere. Era un grupo de estudio donde nos introdujimos en el análisis de la familia. Pero también era un grupo terapéutico, así que contábamos cosas de nuestra vida personal y también familiar. Una verdadera transmisión basada en los temas personales y en los temas clínicos. Después de todo cada uno tiene su propia familia y el mundo emocional que la envuelve permite aprender también lo que ocurre con otras familias. Sería bueno que un terapeuta familiar se analizara con su propia familia o pareja actual. Al principio trataba a las familias en su propia casa, especialmente cuando el problema era mas serio, como tener algún miembro con un desarrollo psicótico, o catatónico o delirante. Después comencé a escribir sobre Familia y sobre los sueños, sobre el complejo de Edipo desde el punto de vista semiótico y psicoanalítico, sobre vincularidad. Luego siguieron libros sobre estructura familiar. Pero ahí tenía la influencia del estructuralismo de Lévi Strauss. Actualmente soy terapeuta de pacientes individuales, así como de familias y parejas. Soy de los que piensan que se requieren dos teorías diferenciadas, con dos teorías de la técnica y formulaciones clínicas distintas para el campo individual y para el vincular. La estructura de la mente es heterogénea respecto de las relaciones entre las personas. El tratamiento de familias y parejas dio origen a lo que con Janine Puget llamamos “teoría vincular”. Con Janine trabajamos y pensamos juntos desde hace muchos años y aún lo hacemos.
Cristina Calarasanu: Háblenos sobre sus trabajos. Cuáles son las principales direcciones de estos estudios?
Isidoro Berenstein: Si lo miro desde hoy y creo que no hay otra posibilidad que mirar desde el presente diría que pasé por cuatro períodos cuya descripción sintética sería así: I) desde fines de 1950 y 1960 dada la influencia de la orientación de Melanie Klein usaba el concepto de identificación proyectiva. Mis primeros trabajos tienen ese punto de vista basada en la idea muy importante de que sectores de la mente de una persona pueden tener vida en la mente de otra persona con la que estuviera ligada y, en las parejas y familias, por la convivencia estrecha, ese mecanismo estaba facilitado. II) 1970 y 1980 Estuve muy influido por el estructuralismo de Lévi Strauss. De esa época es mi concepto de Estructura Familiar Inconsciente (EFI), que tuvo mucha influencia en Latinoamérica y parte de Europa, donde lo di a conocer. Era muy importante porque significaba tener otro paradigma de la familia. Diría que la concepción clásica de familia se basaba en orden jurídico basado en el derecho romano y que remonta a un origen teológico. Desde ese punto de vista se ve a la familia al servicio de la descendencia y la prolongación de la especie. Derivado de este punto de vista una noción princeps es lo que en psicoanálisis se llama el desamparo originario (motorische o psychische Hilflosigkeit). Con Levi Strauss se pasaba a pensar la familia desde el principio general de intercambio y el principio de reciprocidad. El acento estaba puesto en que las familias intercambiaban personas con otras familias. La encrucijada era intercambiar personas o sucumbir en la endogamia. III) La época del acontecimiento, que cubrió la década de 1990. La Estructura Familiar Inconsciente con sus lugares de parentesco (lugar del padre, de la madre, del hijo y del 4º término) era un modelo muy explicativo pero fue mostrándose un tanto cerrado respecto de lo que no tiene lugar. Y nos dimos cuenta que necesitábamos una teoría para aquello que se produce, no solo para lo que se reproduce o repite, para lo nuevo, aquello que no tiene lugar predeterminado, aquello que debe hacerse un lugar porque no lo tiene previamente. No todo presente depende de un pasado y había que construir un lugar, en la mente y en los vínculos. Aquí se da lugar a cierto cuestionamiento respecto de la repetición como explicación de acontecimientos actuales. IV) desde el 2000 hasta hoy se estableció la teoría de la ajenidad (extrangeté en francés o aliensness en Inglés). Pero como es natural las traducciones desvían de su sen-tido el término. Alien tiene en inglés un sentido mas persecutorio, como el de ese monstruo extraterrestre de las películas de Sigourney Weaver. También en E.E.U.U. se llama alien a los mexicanos indocumentados. Esto nos lleva a la actualidad. Estamos tratando con Janine Puget y otros de conceptualizar una metapsicología vincular con términos que sean específicos como presencia, interferencia, imposición y otros.
Cristina Calarasanu: Podría usted compartir algunas ideas relativas al libro que escribió junto con la señora Janine Puget, Psicoanálisis de la pareja ma-trimonial?.
Isidoro Berenstein: Es un libro que se editó en el año 1988 pero escribimos antes. Es decir mucho cambió para nosotros desde ese entonces. Teníamos en ese entonces una idea del vínculo de pareja mas cercana a lo que ahora llamamos punto de vista individual, hablábamos de “yoes”, del malentendido, del zócalo inconsciente (con claro sentido estructural de que cada elemento tuviera un lugar), de la relación con el objeto único. Describimos los parámetros definitorios de la pareja: cotidianeidad, proyecto vital compartido, relaciones sexuales y tendencia monogámica. Estos parámetros regían la vida de pareja aunque no necesariamente debían ser cumplidos en totalidad. Por ejemplo hay parejas que no tienen relaciones sexuales o las tiene en grandes intervalos de tiempo. Dimos mucha importancia a los pactos y acuerdos inconscientes que estabilizaban la relación entre los dos yoes. Es un libro que marco una época y significó una apertura a lo vincular. En él todavía se nota la incidencia de una teoría individual en la consideración del vínculo entre dos o mas. En su momento fue central para nosotros y para los que se ocupaban de vínculos. Con el tiempo y con las nuevas formulaciones se movió del centro y ocupa un lugar junto a las conceptualizaciones que siguieron.
Cristina Calarasanu: Ha escrito usted mucho sobre el vínculo. Dónde se sitúa el vínculo entre el sujeto y el objeto y cuál es su relación con la pulsión?
Isidoro Berenstein: Actualmente decimos que el vínculo es lo que liga un sujeto y otro sujeto, con lo cual queremos decir que se da entre dos en una relación de presencia que hacen del vínculo no solo algo estable sino principalmente un trabajo en devenir. La relación de presencia se guía por el juicio de presencia. Así denominamos el trabajo psíquico que decide, que determina si lo que percibimos está afuera del sujeto y además no tiene registro previo. Se diferencian del juicio de existencia y del juicio de atribución que Freud trae en La Negación (1925). Todo esto es para diferenciar de la relación de objeto, esto es la relación del yo con una representación de carácter antropomórfico, dotado de un mundo emocional y dependiente de la pulsión. Tratamos de diferenciar un mundo interno de un mundo intersubjetivo, diciendo que ambos coexisten y que el segundo no resulta solo de la identificación y proyección del primero sino que además de este mecanismo tiene una lógica y reglas propias (presencia, imposición, interferencia). Pero de esto no voy a hablar aquí pues se haría muy extenso. Agregaría que ante la presencia del otro y su alteridad, ante la presencia de lo ajeno del otro el sujeto responde de varias maneras: una de ellas es tratando de investirlo mediante la pulsión y convertirlo en objeto, objeto de la pulsión, objeto del yo, objeto de amor u otras modalidades. Algo de esto continua en respuesta a la pregunta siguiente.
Cristina Calarasanu: Cuál es el papel de la pareja ajenidad-alteridad en el de-sarrollo del vinculo. Qué tipo de relación hay entre esta díada y la ausencia o presencia del objeto?
Isidoro Berenstein: Algo puse mas arriba acerca de la ajenidad. Podría proponer sintéticamente una tópica de lo vincular. Hemos de diferenciar tres áreas en el vínculo: I) la de lo semejante, donde el trabajo se basa en la lógica de los parecidos y la tarea consiste en una búsqueda de los rasgos próximos. Sería aquello que genera un prójimo. La identificación es el mecanismo princeps; II) la de lo diferente, sujeto a la lógica de lo no común, lo distinto, como puede ser lo masculino y lo femenino, la adulto y lo infantil o un sujeto y otro sujeto. El trabajo psíquico consiste enmarcar los rasgos distintivos. Éstos pueden reducirse por la búsqueda de lo semejante en lo diferente. La discriminación es el trabajo psíquico y se ayuda en un segundo paso con la identificación. Ambos se basan en la remisión a experiencias pasadas y en los juicios de existencia y de atribución; III) la de lo ajeno, la de lo que se da ahora y no se dio antes, ni en un antes reciente ni en un antes pasado. No puede ser semejante y la diferencia no puede ser tratada por semejanza. Di-ríamos que es lo radicalmente diferente queriendo decir que no habría a que asemejarlo. Su posibilidad es la inscripción y la aceptación de su presencia aceptando a su vez su lejanía, por mas próximo que esté. Como el ‘aura’ de Walter Benjamin: “la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar)”. La muy bella frase de Walter Benjamin habla de la necesidad de ver la relación de dos o mas como una proximidad y lejanía y ello asegura lo irrepetible. La supresión de la vivencia de aura permite la reproducción de lo que de otra forma es irrepetible, se relaciona con la repetición de la experiencia. También puede pensarse en la relación de la madre en el bebé que está adherido a su pecho. ¿Algo hay más próximo que el pecho y el bebé con su boca? Sin embargo la intolerancia en la relación a esa constitutiva e inherente lejanía y ese aura de inaccesibilidad alimenta también las mas sordas recriminaciones al alejamiento de la madre o del bebé en esa relación. Quiero decir que la relación deviene en un entre dos, que llamamos Dos (con mayúscula). Esa lejanía es instituyente del Dos e impide la tendencia a lo igual, se tratará de sustituirla por la posibilidad de unicidad, posesión, centralidad y repetición. El juicio de presencia es la modalidad de tratar con lo ajeno, y su “aura”. Vuelvo a insistir que estamos hablando del vínculo como de una relación entre dos (o mas) sujetos y la tópica mencionada se refiere a vínculo. La ausencia corresponde a la relación de objeto como lo estudiaron muy bien y lo diagramaron los autores ingleses, Melanie Klein y sus colaboradores así como los autores postkleinianos.
Cristina Calarasanu: En qué consiste lo específico de la transferencia en el psicoanálisis del vinculo, en las terapias de familia y de pareja?
Isidoro Berenstein: Como venimos diciendo la transferencia es un mecanismo humano general. En psicoanálisis caracteriza el pasaje del mundo interno de un sujeto, como puede ser el paciente a otro como puede ser su terapeuta. Eso no solo ocurre sino que se analiza. Es lo específico del funcionamiento del mundo interno en tanto se basa en la identificación y la proyección. En las organizaciones vinculares el mecanismo princeps lo hemos llamado interferencia, aquello del otro que impide, perturba, mejor dicho interfiere con el la identidad del otro, no lo deja ser idéntico al otro del vínculo. La interferencia es lo que se trata en la sesión de pareja o da familia como lo que obstaculiza devenir en un hacer conjunto, lo que llevaría a una nueva subjetividad propia de pertenecer a ese vínculo. La interferencia es respecto de lo que ya se conoce del otro y de allí se abre la curiosidad, como dice Janine Puget, de conocer lo no conocido del otro. Esto no conocido nunca se terminará de conocer. La fuente de esa novedad es lo ajeno del otro, aquello que nunca logro incorporar del todo, pues a medida que lo incorpora se representa y pasa a ser mío, propio para encontrarme que el otro sigue teniendo algo ajeno que deberé tratar de conocer. Interferencia y transferencia deberán incluirse en el campo terapéutico, con pacientes como la familia y pareja y también con pacientes individuales, con los cuales también se da la construcción de un vínculo del paciente y el analista en tanto sujetos, además del despliegue de la relación de objeto del paciente, a la cual el analista se ofrece.
Cristina Calarasanu: Me ha contado usted que su madre nació en Rumanía. Ha tenido usted la ocasión de conocer Rumanía personalmente?
Isidoro Berenstein: Quería decirle, Cristina, que desde su primer mail comencé a tener evocaciones de mi madre, nacida en Besarabia, originaria de una localidad que creo se llama o llamaba Sorocco. También empecé a evocar el lugar de origen de mi padre. Esto para decirle que no tuve ocasión de conocer Rumania personalmente y espero poder tener esa oportunidad en un futuro próximo. |