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Janine Puget
Interviuri

Interviu cu Janine Puget
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Cristina Calarasanu: Señora Janine Puget, preséntese por favor en breve ante nuestros lectores rumanos. Cómo es que ha elegido el camino hacia el psicoanálisis?

Janine Puget: Soy psicoanalista médica, Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), Fundadora de la Asociación de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPdeG) y co-directora de la Maestría en Psicoanálisis de Familia y Pareja del IUSAM, APdeBA. También integro el cuerpo de profesores de diversos cursos online sobre psicoanálisis de familia y pareja. Soy francesa de origen y vivo en la Argentina desde hace muchos años. Cómo se elige una profesión, un camino, a veces es difícil decirlo en el presente. De todas maneras la historia que puedo contar hoy está muy influenciada por mi presente, o sea de lo que imagino que influyó para mi orientación. Mi elección data de 1950, momento en el cual seguramente por conflictos personales llegué al análisis. Comencé con un análisis terapéutico y rápidamente me di cuenta –era joven en ese momento- que tenía mucha facilidad y mucho interés para escuchar a otros así como para pensar lo que pasa en la mente de los seres humanos. Inicié entonces mi carrera, haciéndolo simultáneamente en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y trabajando con un grupo de colegas para formarnos en psicoterapia de grupo. Este mismo grupo resultó después fundador de la AAPPdeG (1954). Me pareció importante diferenciar lo que pasa con una sola mente que se intenta conocer a sí misma y lo que pasa cuando varias personas están en un mismo espacio, presentes.

Cristina Calarasanu: Díganos algunas palabras sobre sus escritos. Cuáles son sus principales direcciones?

Janine Puget: Haciendo una revisión panorámica de mis principales intereses reflejados en mis escritos creo que he dado mucha importancia a la relación entre las personas, a las emociones y conflictos que se suscitan cuando las personas están presentes y la diferencia entre las emociones y los conflictos que se suscitan cuando una de estas personas está sola consigo misma o con su analista individual. Ello, por supuesto, me ha llevado a escribir diversos artículos y libros que puedan dar cuenta de mis reflexiones a lo largo de todo este tiempo. Poco a poco fui profundizando mi comprensión referida a la influencia de lo cultural y social en la mente de las personas, hasta llegar a ocuparme –por ejemplo- del efecto de la violencia de estado en el psicoanálisis, de diferentes tipos de violencia, las dificultades que pudiera tener el psicoanalista al vivir en el mismo mundo que sus analizados. A tal punto que con un colega escribimos un trabajo acerca del Mundo Superpuesto del analista que daba cuenta de las vicisitudes por las que pasaban analista y analizados en algunas circunstancias. Este escrito surgió en un período en el que la institución APA, en la cual estábamos, pasó por una crisis importante que llevó a la escisión de la misma. Ello tenía repercusión en los análisis de nuestros pacientes y nos costaba diferenciar lo que era nuestro problema y lo que era del tenor del problema de los pacientes. Luego extendimos esta problemática cuando entre analista y analizados se producía una dificultad porque el material contenía temas de intereses comunes. Nos dimos cuenta que ello creaba malos entendidos entre el analista y el paciente y dificultades específicas, tales como una retracción narcisística de parte del analista (quedarse pensando en sus propios intereses). Este tema abrió para mí varios caminos y uno de ellos fue escribir acerca de los malos entendidos, de los prejuicios y pensar cual es el lugar que éstos pueden ocupar en la mente del analista y de los analizados. Prejuicios que bloquean la capacidad de pensar o la capacidad de abrir a caminos más complejos. Es así como fui Chair durante 4 años de un Comité de la IPA que se ocupó de los prejuicios. Me he ocupado también principalmente del psicoanálisis de familia y pareja , además del psicoanálisis de grupo y he escrito en ese sentido muchos trabajos, cosa que sigo haciendo en la actualidad. Hace años con un colega, Isidoro Berenstein estamos tratando de poner en pie una nueva metapsicología vincular. Y, por supuesto, cada uno de estos temas abre numerosas ramificaciones.

Cristina Calarasanu: Ha escrito usted "Terror y psicoanálisis en Argentina". Sé que su país estuvo durante mucho tiempo bajo un régimen dictatorial, igual que Rumania. Cuáles cree usted que son los efectos de un régimen represivo para las generaciones que siguen? Cómo afecta esta herencia transgeneracional a los vínculos?

Janine Puget: En realidad he escrito sobre “Violencia de Estado y Psicoanálisis” . Este libro surgió para intentar dar cuenta de algunas vivencias y consecuencias sufridas durante un período en el que se instaló un régimen dictatorial en la argentina en los años 76 hasta el 82. No dudo que algo en común tenemos con Uds. en Rumania, si bien cada cultura impone su propia modalidad y crueldad en lo que concierne a la dictadura. Es difícil decir cómo estos regímenes dictatoriales influyen en lo que hace a la transmisión transgeneracional, en las maneras de habitar los lugares, en los vínculos si bien es seguro que dejan marcas. Éstas se invisten de diferentes cualidades que van por ejemplo desde la apatía social y política hasta la puesta en actividad de una conciencia social importante o un deseo vengativo que lleva a reivindicar los derechos a veces en forma hostil y combativa. Es difícil contestar esta pregunta con frases cortas. Es un tema muy complejo, que requiere de nuestra parte precisiones acerca de cómo se constituye la subjetividad social y la pertenencia social de cada uno de nosotros y de los conjuntos. Yo estuve en Rumania después que terminó la dictadura en nuestro país, a raíz de un congreso organizado por Médicos del Mundo de la rama francesa y en la que se debatieron precisamente temas ligados a la violencia social. En aquella época había quedado muy impactada por el estado en el que estaba la población con la cual por no hablar el idioma tenia poco intercambio verbal pero había algo que se respiraba que aun producía mucha inquietud.

Cristina Calarasanu: Háblenos por favor sobre el vínculo. Cómo se organiza y reorganiza él hoy día dentro de unas familias en permanente transformación que a menudo se desarraigan o pierden su identidad?

Janine Puget: El tema de los vínculos es un tema muy amplio pero voy a tratar de dar algunos lineamientos básicos para entender a qué me refiero. La introducción del concepto de vínculo tal como la venimos proponiendo con Berenstein no tiene que ver con lo que otros autores han conceptualizado como vínculo. Me refiero por ejemplo a Bion, Meltzer o a los intersubjetivistas. Yo estoy definiendo vínculo como la relación entre dos o más sujetos, basada en la diferencia que los une. Esa diferencia requiere o implica de parte de los sujetos que ocupan un lugar en el vínculo la necesidad de realizar un trabajo, algo así como “un hacer junto con el otro” para ir construyendo el vínculo. Y el vínculo tiene como característica que no se relacionan las personas que lo componen solo por lo que tienen de semejante o de complementario sino por lo que tienen de diferentes. Dicho de otra manera un vínculo entre dos o más sujetos requiere que dichos sujetos tengan como cualidad fundante su alteridad y ajenidad. Así tener conciencia que son irremediablemente diferentes y que una comunidad se constituye por lo que cada uno tiene de diferente es lo que dinamiza los vínculos. No diría que las familias hoy están en permanente transformación, sino que, a medida que pasa el tiempo aparecen nuevas formas de vincularse, nuevas maneras de constituir la familia, que no responden únicamente a lo que es el modelo heredado de familia basada en lo que dictamina la estructura edípica, sino que también hay que tener en cuenta los modelos que se vienen imponiendo desde la cultura, desde lo social. La familia no necesariamente es familia de sangre. La familia o la estructura familiar inconsciente concibe lugares para cada uno de sus miembros, padre, madre, hijos, familia ampliada. Estos lugares tienen que ser irremediablemente ocupados por quienes tienen vínculos de sangre y esto sería el modelo tradicional. Hoy tenemos que poder concebir que una familia se constituye sobre la base de dos modelos: uno, el que acabo de mencionar, el de los lugares fijos y circunscritos, y el otro, el que proviene de la presencia de varios sujetos con capacidad de hacer entre varios. El tema es un poco complejo y difícil de contestar con un cuestionario rápido, y espero que por lo menos les de ganas de seguir investigando estos temas.

Cristina Calarasanu: Ha planteado usted el concepto de inconsciente del vínculo. Puede presentarnos este concepto en relación con el inconsciente individual? Cuáles son sus influencias sobre la clínica psicoanalítica?

Janine Puget: Por ahora prefiero no extrapolar para lo vincular conceptos que tienen mucho sentido para el aparato psíquico singular. Prefiero pensar que en el encuentro entre dos sujetos o más, presentes, se produce un efecto particular al cual llamo efecto de presencia que crea inconsciente con un status diferente de lo que es el inconsciente tradicional.

Cristina Calarasanu: En el libro escrito con Isidoro Berenstein "Lo Vincular" dice usted que dentro de la terapia familiar psicoanalítica el paciente no es la familia o los miembros individuales de ésta sino sus vínculos que están sufriendo. Cómo podemos escuchar a este "paciente" y su sufrimiento?

Janine Puget: En el libro al cual Uds. se refieren y que de paso les comento ha sido traducido al francés, es cierto que decimos que el paciente es la familia o sea es esa estructura a la que recién me referí y a la cual debemos descubrir. Debemos reconocer las dificultades que puedan tener sus habitantes para relacionarse y hacer algo juntos. Tenemos que poder descubrir cómo se relacionan entre ellos o como no se relacionan. A veces, los miembros de una familia, suponen que por ocupar lugares dictaminados por la estructura familiar o tener un contrato que los nombra como pareja ya no van a necesitar seguir produciendo un trabajo entre varios. Creen que ya alcanza y no siguen haciendo un trabajo para estar juntos todos los días. Sustituyen el hacer juntos por una idea de pertenencia estable dada por el lugar que ofrece la estructura familia o de pareja. De alguna manera los sujetos se transforman en objetos que responden a las necesidades de la estructura. Entonces lo que sucede es que creen que ya se conocen cuando en realidad se conocen cada vez menos pero no pueden soportarlo. El saber que no se conocen debiera ser el estímulo para seguir juntos. El estímulo básico para con otro es la curiosidad por el otro.

Cristina Calarasanu: Asistimos hoy en día a un permanente cambio de la identidad de la pareja. Cómo modifican estos modelos múltiples el planteo clínico de la pareja?

Janine Puget: En esta pregunta ustedes dicen que hoy en día hay un permanente cambio de la identidad de la pareja. En realidad tal vez no se trata que es hoy en día, sino que hoy en día damos importancia a los cambios que producen en las formas que adquieren las parejas y que las personas saben que no hay contratos de por vida si no se alimentan con una renovación permanente. Y ello implica de parte de los terapeutas, de parte de los psicoanalistas, una permanente renovación de su enfoque y revisión de sus prejuicios acerca de cómo debe ser una familia o una pareja y poder aceptar como va siendo cuando las personas se sienten más libres en sus capacidades de elección y no atadas por un contrato.

Cristina Calarasanu: Tiene usted una rica y larga experiencia clínica. Qué es lo que necesita, en su opinión, un joven psicoanalista que se encuentra a principios de su carrera?

Janine Puget: Es una pregunta muy interesante. Hace al tema de la formación de los psicoanalistas y psicoterapeutas de grupo o de familia y pareja. Lo que observo es que todavía nos estamos manejando con modelos muy tradicionales de formación académica. Estos provienen de modelos del siglo pasado y nos está costando mucho introducir en nuestra manera de encarar la formación lo que tiene que ver con la experiencia de ir aprendiendo, la experiencia de transmisión entre profesores y alumnos y lo que llamaría la experiencia vincular. Lo que aconsejaría a una persona en formación es que pueda tener, simultáneamente o en distintos momentos, la experiencia de psicoanálisis individual y la experiencia de psicoanálisis vincular. Es muy diferente hablar consigo mismo con un analista que hablar entre dos o más sujetos presentes. En un caso, el otro es un ausente que hacemos presente en el momento en que hablamos de él pero ese otro del cual hablamos no tiene derecho a réplica. Mientras que cuando se habla con un otro presente de ese otro presente o a ese otro presente, necesariamente el diálogo adquiere otra forma. Esto es una experiencia muy valiosa. En cuanto a la formación se necesita conocer conceptos básicos de psicoanálisis en cuanto a cómo funciona la mente y conceptos básicos en cuanto a la vincularidad y el cómo es encontrarse con otro presente. Dejo acá, en relación con las preguntas que me han hecho y en cualquier momento podemos profundizar algunas. Gracias.